Crítica a Adios a la Publicidad. Oliviero Toscani
Recomiendo sobre todo la primera mitad del libro, y en especial el capítulo 2 en el que abre un proceso de Nuremberg contra la publicidad. Y habla de cosas que no le faltan razón:
- Somos los consumidores los que financiamos el exceso de publicidad (despilfarro social).
- Los creativos no comunican ni piensan ni informan, se limitan a vender el mundo irreal y a copiarse unos a otros (inutilidad social).
- La publicidad no vende productos ni ideas, sino un modelo adulterado e hipnótico de la felicidad, porque ofrece nuestros deseos en forma de universo subliminal (falsedad).
- La publicidad de hoy se agota a fuerza de contemplar mujeres fatales, grandes casas, y un mundo de ricos idiotas. Es por eso que la publicidad acaba siendo transparente, no llega: y es por eso por lo que tienen que multiplicar las inversiones, y por lo que sube el producto (contra la inteligencia)
- La publicidad excita los deseos, seduce al tonto, le crea necesidades, lo culpabiliza. La publicidad nos vampiriza. Engaña, persuade, miente (persuasión oculta).
- Todo parece tan falso, que tanto aspirante a conquistador se antoja necio (necedad).
- Intentemos encontrar en la publicidad a pobres, inmigrantes, accidentados, revoltosos, contrahechos, enanos, inquietos, gordos, melancólicos, escépticos, desempleados, drogadictos, conductores que aguantan embotellamientos, enfermos, locos, desastres ecológicos. No, esto se ha sustituido por una rubia asexuada y excitante (segregación y racismo).
- De tanto querer vendernos la felicidad, la publicidad ha terminado por fabricar legiones de frustrados. Por lo tanto, la publicidad no vende felicidad; genera depresión y angustia. Cólera y frustración. (contra la paz civil).
- Eslóganes simplones, repetitivos, pobres y embrutecedores (contra el lenguaje).
- Vende clichés como que el producto está adaptado individualmente. Calidad, experiencia, usted es de lo más utilizado. Intentar no dirigirse a la masa sino a la persona. (contra la creatividad).
- Tan pronto como una película se estrena, los “creativos” lo copian todo. La publicidad se convierte en el saqueo de los movimientos de ideas, y no estaría mal, de no ser porque lo que provoca es una neutralización. (pillaje).
Es cierto que, Oliviero, indica los contras típicos de la publicidad. Pero es igual de cierto, el mensaje que intenta transmitir: que la publicidad nació como información, además de cómo persuasión, y que en los tiempos que corren, la información ha muerto, y su consecuencia está siendo mortal también para los consumidores, porque es la pescadilla que se muerde la cola:
No informan, venden un mundo idílico con eslóganes simplones y repetitivos, cada vez más repetitivos porque nos aburre la publicidad y no se nos queda el mensaje, por lo que se tiene que multiplicar la inversión en publicidad y se multiplica el precio.
La venta de un mundo idílico, adulterado e hipnótico de eterna felicidad, nos agota y/o nos frustra y/o nos empobrece.
Por poner un ejemplo, yo me niego a ver programas como Operación Triunfo. Una vez, en el casting televisado, tuve que oír como una muchacha que no pasaba la prueba decía: Es triste, al final te das cuenta que tu futuro va a ser el mismo con empleos de mierda como tus padres. Eso es lo que genera muchas veces la publicidad. Que queramos ser famosos, que “luchemos” por la vía del éxito rápido y nunca nos planteemos que el éxito se recuenta al final de la vida. Y lo más triste, que reneguemos de lo que han luchado nuestros padres por ellos mismos, y por nosotros.
¿Por qué criticó entonces todo el mundo a Toscani? He llegado a la conclusión, que la Publicidad en sí es una empresa que, aunque resulte paradójico, practica las Relaciones Públicas, y que toda la industria debe vender una imagen, que Toscani se saltaba. Y que crear tontos mediante falsedades y repeticiones es la RSC que la empresa “Publicidad” vende, y lo peor, los demás, como con Dios, por falta de valentía, de voluntad de querer llevar nosotros nuestra propia vida, cedemos nuestra independencia por luchar por “algo superior” que las pruebas antojan como inexistente.
La religión aprovechó el miedo a la muerte (y posteriormente el miedo a que te maten) para penetrar en las mentes durante la historia. Aprovechaba la ilusión al paraíso, como triunfo en la vida. Hoy la publicidad aprovecha el miedo al fracaso, confundiéndolo con la ilusión de llegar al paraíso, de triunfar, como ellos quieren que pienses que es el triunfo.
¿Pero Toscani es por ello mejor? No. Quería informar y vender. Aunque consideró que vendiendo la marca, los jerseys se venderían solos. Y eligió vender la marca sin olvidar los dos componentes de la publicidad: persuasión, pero también información.
Hoy no se podría hacer lo mismo. Porque sería repetitivo. Pero la publicidad podría evolucionar sobre Toscani, y no sobre sí misma. Podría hacer observaciones sobre el mundo. No pido ya que hicieran observaciones sobre su propia inutilidad social, pero si la publicidad fuera más de marca, de empresa, de “institución”, vendiéndonos en forma de publicidad su código deontológico, su escala de valores, sus acciones en el mundo, quizás les tendría más respeto. El único problema, es que muchas mentirían. Y otras muchas no podrían ni siquiera demostrar, que no se están cargando el planeta.